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Calipso el ritmo afrocaribeño en Venezuela

calipso1 Calipso el ritmo afrocaribeño en Venezuela

Su origen se remonta a la llegada de los primeros esclavos africanos a las plantaciones de caña de azúcar de la isla de Trinidad. Entonces, constituyó el modo de expresión de estos hombres y mujeres que se hallaban lejos de sus seres queridos y de su tierra, además de servir para unirlos y permitirles desahogar sus penas burlándose de sus amos. Hoy, con el humor de siempre, es un ritmo que en la mayoría de los casos presenta los problemas políticos, económicos y sociales del pueblo y que alegra los días del Carnaval.

Al son de cuatros, maracas, rayos, campanas y tambores de madera se disfruta del calipso en El Callao, al sur del estado Bolívar. Este ritmo llegó a Venezuela a mediados del siglo XIX gracias a la inmigración de hombres y mujeres provenientes de las antillas británicas y francesas, quienes se trasladaron al país para trabajar en las minas del lugar luego de que se les dieran a los ingleses y galos la concesión de la explotación del oro.

El calipso no fue sólo transplantado a la cultura guayanesa, sino que fue transformado, tomando características propias como sus fuertes letras, el tono picaresco con que narra sucesos locales y la utilización de ciertos instrumentos musicales venezolanos.

El festejo del carnaval también tomó tonos particulares, que aún se conservan y han convertido a esta celebración en un atractivo turístico nacional. Al ritmo del calipso se realizan durante varios días comparsas de disfraces que desfilan acompañados por los pobladores. Esta festividad cuenta con unos personajes propios y característicos, que son las Madamas, los Diablos y los Mediopinto.

Las Madamas (palabra que se deriva del sustantivo francés madame) son personajes femeninos que visten ropajes vistosos al estilo de las matronas de Guadalupe y Martinica, además de coloridos pañuelos anudados en la cabeza. Originalmente, estas mujeres eran las encargadas de transmitir la tradición a las nuevas generaciones, incluyendo la lengua, los trajes y las costumbres. En su mayoría, eran unas señoras grandes y bastante gordas, que tenían al calipso como parte de su personalidad.

Actualmente, quienes las interpretan en El Callao no consideran a sus trajes un disfraz, sino que lo ven como una investidura y toman como un honor representar a sus antecesoras que fueron parte fundamental de la cultura antillana. De hecho, se sienten con la responsabilidad de mantener viva la tradición.

Los diablos llevan ropas de color rojo y negro, máscaras y tridentes, que usan para abrir paso a las comparsas. Por su parte, los Mediopinto son personajes que deambulan en medio del desfile, solos o en grupo, con el rostro y las manos pintadas de negro.

La celebración del carnaval y la interpretación del calipso han desbordado las fronteras de la población de El Callao para transformarse en una expresión de la cultura de todo el estado Bolívar.


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